.

.

 

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

 

Origen:
Aunque ha habido muchas teorías sobre el origen de los siameses - incluyendo sugerencias de parentesco con los gatos egipcios y Manx - se sabe hoy seguro - que era una variedad muy estimada en la antigua ciudad siamesa de Ayudha.
Ayudha se fundó en 1350 y fue la capital de Siam hasta que la quemaron los invasores birmanos en 1767. En la Biblioteca Nacional Tai de la actual Bangkok, hay manuscritos salvados de Ayudha que proporcionan una lista de los gatos, perros, y aves de aquel tiempo.
Los manuscritos - el más conocido se llama Poemas del Libro de los gatos - hacen descripciones de los bellos siameses de capa clara y máscara de foca, incluyendo versos dónde los pintan con cola, patas y orejas negras, pelo blanco y ojos rojizos.
La gente de Siam no consideraba a los gatos con extremos de colores como su única variedad nativa, pero hay pruebas que sugieren que se les cotizaba mucho y
los tenían los reyes en sus palacios.
Los gatos con máscara que nos han legado los pintores de Ayudha tenían la capa muy clara y su color de extremos es mínimo, reducido el de las patas a unos calcetines y la máscara a un simple tizne de color en la nariz y almohadillas de los bigotes. Podría tratarse desde luego de una idealización del gato; desde luego la siguiente mención registrada del esquema siamés fue de un color mucho más oscuro.
Los primeros siameses que llegaron a Europa desde Siam,  fueron tema de mucha especulación y comentario. Llegaron acompañados de muchas historias, relatos de supuesto origen de sus estrábicos ojos y las colas enroscadas, corrientes en aquella raza.
Se decía, por ejemplo, que los gatos sagrados de un tempo siamés fueron encargados de custodiar un ánfora de mucho valor y que, con el fin de guardarla debidamente, enroscaron las colas a su alrededor y la miraron con tanta atención, que se quedaron bizcos. Otra explicación de la rosca nos dice que las princesas reales de Siam dejaban a los gatos el cuidado de sus anillos; éstos se ensartaban en las colas de los gatos, que desarrollaron la enroscadura para que no se les cayesen.
Las explicaciones actuales son más prosaicas, pues ambos rasgos parecen tener una base genética.
El estrabismo en particular parece estar directamente ligado con el gen siamés; la herencia de la rosca no está clara, pero es muy corriente en Asia sudoriental.
Los criadores reducen sin cesar la incidencia de ambos defectos mediante cría selectiva.
El siamés y la gatofilia:
Hay un informe bien autentificado de que el cónsul general británico en Bangkok adquirió una pareja de máscara de foca en 1884, que su hermana exhibió en Londres el año siguiente. Sin embargo, es seguro que había siameses en Inglaterra por lo menos 14 años antes, pues aparecen en 1871, en la primera exposición felina de estilo moderno; se les describió como una especie de gato antinatural, de pesadilla. A pesar de esa primera reacción, tuvieron un éxito rápido y un grupo de aficionados adquirieron más ejemplares, aunque eran notoriamente difíciles de conseguir y criar.
Enseguida se comprobó que eran propensos a la enteritis y a los problemas respiratorios, pero a finales del siglo XIX, la raza estaba bien establecida en Inglaterra.
Los primeros siameses llegaron a Estados Unidos en 1890 - regalo al parecer del rey de Siam a un amigo americano - y se les vio allí en las exposiciones en los primeros años de este siglo.
 
   
 
 

154 144-2534